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Salud, Deporte y Bienestar

Más allá de la definición (repetidamente renovada) que la propia Organización Mundial de la Salud hace sobre ella (estado de pleno bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad), parecería bien sencillo asociar los conceptos de salud y deporte con el de bienestar. Por subjetivo que sea este último y pudiera representar diferentes grados para distintas personas, todos estaríamos de acuerdo en admitir que la inactividad mata o dicho en positivo: es mucho más útil para potenciar la salud la realización de actividad física al menos una hora al día durante cinco días cada semana. De esta manera se previenen y mejoran problemas de salud que hoy en día atribulan a toda la sociedad y que en la mayoría de los casos podrían evitarse o al menos mejorarían con actividad física tanto en jóvenes, adultos, mayores y mujeres.

La actividad física ayuda a mantener un IMC (índice de masa corporal) saludable, los niveles de colesterol en cifras óptimas, mantiene una correcta tensión arterial, establece niveles de azúcar correctos; si añadimos a la ecuación no fumar y acaso beber alcohol con mucha moderación, tendremos la perfecta ecuación buscada por todos.

Otro de los más serios problemas relacionados con la inactividad es la Diabetes Mellitus (DM); la OMS argumenta que la prevalencia mundial de DM en adultos (mayores de 18 años) ha aumentado del 4,7% en 1980 al 8,5% en 2014. Roger Unger del centro para la investigación de la diabetes en Texas, habla de cómo cualquier estrategia para controlar esta verdadera plaga pasa por reducir la grasa abdominal, de tal manera que se recomienda un contorno de cintura para mujeres por debajo de 88 cm y para hombres de 102 cm. Esto es debido a que la grasa abdominal es capaz de generar sustancias como adipocitoquinas que llevan a la muerte de células del páncreas, apoptosis y como consecuencia se produce una lipotoxicidad que generará diabetes. En positivo y con datos del mismo autor, el 73% de los afectos de DM tipo II regresan de su enfermedad cuando pierden peso tras cirugía bariátrica y normalizan su IMC. De hecho, es conocido que la falta de actividad física en diabéticos reduce la esperanza de vida hasta 10 años.

Asunto diferente es el tipo de actividad física recomendada en esta afección; hasta hace unos años la más recomendada a los diabéticos era el ejercicio aeróbico. Sin embargo en los últimos 10-12 años ha ganado importancia el empleo del entrenamiento de fuerza máxima ya que la hipertrofia muscular ayuda a la eliminación de grasa y activa una proteína, la AKT1, que modula los patrones metabólicos que disminuyen la grasa e incluso reducen el tamaño de las células adiposas.

La verdadera pandemia del siglo XXI, ligada directamente a la inactividad física es el síndrome metabólico (SM) (en la base fisiopatológica de la “diabesidad”) que al igual que en DM se puede beneficiar de la prevención y que mejora mediante la práctica de ejercicio diario. Se ha demostrado que la falta de fuerza muscular afecta directamente a una mayor incidencia de SM. También es conocido que combinar trabajos de fuerza máxima con aeróbico reduce los síntomas de dicho trastorno.

Una de las preocupaciones fundamentales, incluso de las personas autodefinidas como sanas en el momento actual es el sobrepeso. Es bien conocido que si la única actitud para contenerlo o descenderlo es la de hacer dieta hipocalórica, con el tiempo deja de tener ese efecto y por tanto la pérdida de peso se estabiliza por lo que hay que generar mayor gasto calórico a través del ejercicio físico combinando fuerza y aeróbico. Por otro lado, el ejercicio físico continuado (seguramente este es el secreto….), pone en marcha genes y hormonas que “queman” calorías y limpian células. Efectivamente, el ejercicio activa el gen BCL2, favorece la autofagia del músculo cardiaco y esquelético así como en órganos encargados del equilibrio de glucosa, hígado y páncreas.

Se ha demostrado que la Irisina en ratones, transforma la grasa blanca en parda. Pues bien, cuando se hace ejercicio se produce Irisina en humanos tras ejercicio prolongado y mejora el equilibrio de la glucosa e insulina. Beth Levin y Bruce Spiegelman demostraron que el frío puede transformar grasa blanca en grasa parda, que se ve activada por el descenso de temperatura. El ejercicio aumenta el trabajo mitocondrial y estas se encuentran en la grasa parda, de ahí su color. Concluimos defendiendo la idea de que hacer ejercicio a bajas temperaturas no solo es más sano, sino que consume más calorías; pero, por el contrario, podríamos argumentar que ¿demasiado calor en casa favorecería la obesidad?

Cuando de manera más específica asociamos mujer y ejercicio físico los beneficios son aún mayores que en hombres y para cualquier edad. Realizado más allá de los 50 años la actividad física ayudará a mantener una densidad ósea adecuada: los ejercicios de fuerza máxima como el salto o la prensa de piernas en 90º consiguen aumentar y mantener la densidad ósea y mantener el tono muscular lo que hará que se mantenga la postura correcta, prevendrá la deformidad vertebral y aumentará la densidad de la cadera entera. El ejercicio de fuerza en mujeres tras su menopausia hace que disminuya la acción de la esclerostina que es la proteína que de manera natural detiene la formación ósea y favorece la acción del IGF-1, además de generar testosterona en una mayor proporción que en los hombres.

En el otro lado del espectro, las embarazadas con ejercicio adecuado y controlado por profesionales, tienen una significativa reducción de alguno de las complicaciones más comunes de la gestación, como diabetes (que afecta ya al 10% de todas las gestantes) e hipertensión asociada al embarazo, así como que se benefician de poder volver a recuperar el peso más rápidamente una vez terminado el embarazo. ¿Alguien puede dudar de que deporte y gestación pueden asociarse tras ver a Serena Williams ganar su último Gran Sland en este enero de 2017 en Australia mientras esperaba (activamente) su primer hijo con veinte semanas de embarazo?.

Es bien conocido para finalizar, que el ejercicio físico continuado reduce el riesgo de padecer cáncer de mama más allá de la menopausia y mejora los resultados de diversos tratamientos en comparaciones prospectivas.

Nadie ha demostrado efectos colaterales negativos del ejercicio físico y el deporte, realizados de manera programada y con moderación; más allá de las complicaciones del deporte de alta intensidad con el objetivo del máximo rendimiento entre las élites, lejos del objetivo de nuestro comentario, lo que aquí se demuestra es que la asociación salud y deporte indefectiblemente lleva al máximo bienestar, que es uno de los objetivos básicos que todos los humanos buscamos en nuestra perpetuo caminar hacia la felicidad plena.

 

José Luis Neyro 

Alberto García Bataller

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